Gardel, rioplatense ciento por ciento

GARDEL, UN RIOPLATENSE AL CIENTO POR CIENTO

Edición de El País, junio de 1995

Los funerales del Gardel francés
Por Nelson Bayardo

Para los uruguayos nació en Tacuarembó y Buenos Aires fue su patria artística.

GARDEL, UN RIOPLATENSE AL CIENTO POR CIENTO
El lugar y la fecha de nacimiento de Carlos Gardel apasionan desde hace años a investigadores orientales. Muchos de ellos sostienen y fundamentan, mediante documentos, notas y reportajes, que el cantor nació en la ciudad uruguaya de Tacuarembó algunos años antes de 1890. En esta oportunidad es Nelson Bayardo quien escribe y se asocia a esa teoría aportando nombres y citas que requieren debida atención. Tanta al menos, como la conclusión que muestra al Mago como el más claro ejemplo de un rioplatense ya que, según Bayardo, nació en Tacuarembó y después adoptó a su Buenos Aires como patria artística.

Nelson Bayardo desde Montevideo.
Cuando Carlos Gardel cayó en Medellín hace ya 59 años, junto a su cadáver fue hallado su pasaporte chamuscado, donde podía leerse claramente: Nacido en Tacuarembó Uruguay, el 11 de diciembre de 1887.
Los comentarios de la prensa no se hicieron esperar, concretando lo que era vox pópuli en medios platenses: Gardel había reducido su edad, ya que pasaba la cincuentena al morir. Y así, al día siguiente de Medellín El Día de La Plata, comentaba que pasaba el medio siglo, mientras La Mañana de Montevideo en su nota necrológica decía lacónicamente fallece a los 52 años.

También Noticias Gráficas, ahora en Buenos aires, junto al facsímil de su libreta de enrolamiento, comentaba: Amigos íntimos de su niñez nos aseguran que se quitó algunos años (referido a 1887). Y así era, efectivamente.

Las cosas se complicaron cuando en agosto del 35 apareció un supuesto testamento, en el que Berta Gardes, la francesa encargada de su crianza, para poder cobrar la herencia de Gardel, con quien no tenía vínculo legal alguno, lo identificó como un verdadero hijo suyo nacido en Toulouse en 1890, y cuya vida fue un misterio pues según declaró la Gardes en un reportaje, fue entregado a una familia ante su dificultad para educarlo debidamente.

En resumen, acusado y con razón de decirse nacido en 1887 para quitarse años resultaba que por el contrario había nacido tres años después, y en consecuencia… ¡se los agregaba! La contradicción resultaba flagrante para cualquier artista, y mucho más para Gardel, cuya obsesión por su aspecto juvenil era realmente acentuada.

Exhumando reportajes que le hizo la revista argentina Antena y el diario uruguayo Imparcial a los cuales confesó 45 y 46 años respectivamente en 1933, no pudiendo por tal morir a los 44 si realmente había nacido en 1890 y hurgando en bibliotecas publicaciones de las más diversas épocas y en órganos de prensa diferentes, pertenecientes a personajes de notoria relevancia y vinculados con Gardel, tales como Cátulo Castillo, Manuel Pizarro, Manuel Sofovich, Hugo Mariani, Director de la NBC de Nueva York, su secretario de la gira José Plajas, su propia novia Isabel del Valle y muchos nombres más, surgía de modo indubitable que si bien Gardel variaba constantemente su edad, su nacimiento se situaba aproximadamente entre los años 1883/84, alejado del 1887 de su documento, pero mucho más de aquel insostenible 1890 del testamento.

Gardel se había dicho siempre uruguayo y así lo consignó en los tres últimos reportajes que se le formularon en el Río de la Plata en los diarios montevideanos La Tribuna Popular e Imparcial y en el sanducero El Telégrafo.
Pero mucho más lejos aún, el diario El Tiempo de Montevideo, de junio 24 de 1925 y referido a la presentación profesional que por primera vez hace en Montevideo el dúo Gardel-Razzano, dice concretamente los jóvenes compatriotas en un momento en que Gardel era un desconocido y no se discutía su nacionalidad.

Sin embargo se desató una fiebre por explicar que su documentación oriental respondía al hecho de que siendo desertor de guerra, se declaraba uruguayo para evitar las complicaciones que tal situación le hubiera acarreado.
Armando Defino ubicó en La Plata el inicio de la maniobra para fabricarle la orientalidad, y nombró a un tal Juan Barena en su libro sobre Gardel.

Isabel del Campo, en su libro Retrato de un Ídolo fue más precisa y dijo que en ocasión del viaje de Gardel a España de 1923, el manager Francisco Delgado, mediante influencias apropiadas logró variar la nacionalidad del ídolo, pero olvidando y no es poca cosa que Gardel tenía su documentación uruguaya desde el 8 de octubre de 1920. Jacobo de Diego, acaso entendiendo este problema, tomó la misma tesis pero estableció variantes: Santiago Fontanilla, año 1917, viaje a Brasil.

Roberto Cassinelli en Cantando del 1/7/58 dijo que fue la propia Berta Gardes quien al llegar al Plata bajó en Montevideo, fue a Tacuarembó, y ella misma lo inscribió en el Registro Civil, donde por error le cambiaron la s por l, olvidando el famoso Cassinelli que ello aconteció el cambio de letra hacia 1912. Tampoco fue olvido fácil de justificar.
Las explicaciones siguen lo cual puede abrumar, pero no puede excluirse de la nómina la adoptada por Luis Masseroni en su libro, también Esteban Capot en su reportaje de Crítica o el uruguayo Hermenegildo Sábat en su libro Tango Mío: en ellas se le hace nacer en Toulouse. Pero en 1887 (sic).
Ninguno de los citados cayó en la cuenta de que de ser así eran falsos el testamento (claro que lo era); la fe de bautismo, el acta natal de Charles Romuald Gardes (hijo real de la señora Gardes y con quien se identificó a Gardel para que dicha señora cobrara la herencia del ídolo) y el Registro de Migraciones Argentinas de 1893 cuando asigna 2 años a Charles Romuald. Y si todo esto era falso, ¿qué quedaba de la teoría de Gardel Francés?

En fin, los que llegamos a la benignamente llamada tercera edad sabemos como cierta gente se especializa en fabricar berdades como diría Cortázar.

Toda esta cadena de invenciones citadas descalificadas por si solas por el mero hecho de enumerar tantas versiones diferentes que llevan implícito el hecho de querer falsear los hechos se desplomó como un castillo de naipes cuando apareció en el consulado uruguayo de Buenos Aires, en su Libro de Registro de Nacionalidad, página 907, número de orden 10.052, la inscripción de Carlos Gardel como nacido en Tacuarembó, Uruguay, el 11 de diciembre de 1887, y cumpliendo cabalmente con lo establecido en la Ley Consular del 21/5/1906 (reglamentada recién el 17/1/1917) en un acta emanando su propia y libre voluntad, y sobre todo sin necesidad de Juan Barenas, Delgados o Fontanillas, y toda la seguidilla de personajes, años y situaciones ya enumerados antes, y dando por tal un total mentís a todas las versiones que gratuitamente le endilgaban el triste título de traidor a su presunto país, Francia.

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